Habían pasado horas desde que se durmieron. Tenía aun sueño,
pero tenían que ir rápidamente a la famosa basílica colegiata de la señora de
Guanajuato. Fue poniendo todo el “equipaje” cerca de la puerta; las maletas de Yaretzi
y Abi, el armamento y algunas provisiones, ah y los libros de Yaretzi, aunque
no entendía para que llevar libros. Regreso hacia la habitación donde las
chicas dormían plácidamente. Eran ya la 1:00 a.m., ningún condenado yacía por
la calle aunque había tomado ciertas medidas por si acaso. La música rock
alejaba aún más a aquellos seres. Que agradable fue saber que podía reproducir
lo más alto posible sus canciones de Sex Pistols, The Ramones, Metallica
(aunque eso metal y solo repetía mil veces unas tres canciones de ellos. The thing that should not be, The
Unforgiven y Wherever I may roam), Radiohead, The Strokes, Yeah Yeah Yeahs,
Linkin Park, Smashing Pumpkins, Metric, a sus amados The Smiths y obviamente rock nacional. Caifanes, Enjambre, Zoé, La Gusana Ciega y
demás bandas. Se cubrió la cara de nuevo, tratando de no respirar ese aire contaminado
que era cada vez más pesado. Tenía miedo de lo que pasaría con ellos. Eran
muchos riesgos y a ciencia cierta nadie sabía cómo estaba todo. Entendía que
aquel gobierno mundial había experimentado con los condenados tratando de
hallar una solución al problema que habían creado, ya que no solo habían
contaminado el agua con veneno que hacía que el cerebro de las personas se
volviera papilla, sino que ese veneno lo habían modificado en cada región del
planeta. Cada que Alejandro podía escuchar el radio, y claro cada que se podía
escuchar era sabido que en China, el veneno que habían utilizado hacia que las
personas sangraran sin motivo; en Italia, al tomar el agua, la gente empezaba a
quedarse literalmente seca; en Chile las personas se fusionaron con los
elementos, había personas que podía decirse, se habían convertido en La Mole,
otros que parecían náyades de rio, pero que al tocarlas, la muerte del que lo
había tocado era muy desagradable, había otros que parecían estar bien pero que
en algún momento a otro podían quedar hechos cenizas y al último aquellos que
podían desaparecer si el viento era demasiado fuerte, se convertían en humo
negro. No le había dicho nada de eso a Yaretzi, sabiendo que quizá ella tendría
miedo, aunque así como la conocía sabía que ella más que miedo, tenía odio
hacia todos ellos por haberle arrebatado a su familia y si se llegaba a
enfrentar alguno (como ya muchas veces lo había hecho) no se detendría hasta
que de verdad fuera el fin para aquel condenado que se cruzaba por su camino.
Fue por la botella azul de plástico que contenía su agua. Ya
solo esperaba que las chicas cerraran todas las ventanas.
-¿Ya? Está todo listo para irnos. Tenemos que ir llevando
las cosas a la iglesia para poder irnos por mucho a las 2, y llegar a Querétaro
lo más rápido posible.
Abigail estaba abrigada a más no poder; debido a que el sol
no daba el calor necesario y su luz era muy tenue, el frío era desolador cada
noche. La pequeña caminaba como un pingüino con la gruesa chamarra que le había
puesto su hermana, bufanda y gorro color morado, ya que ese era el color
favorito de Yaretzi y Abigail aceptaba gustosa todo lo que tuviera que ver con
su hermana. Yaretzi salió de la habitación con su chamarra morada, botas
moradas, gorro de lana con forma de gato
y guantes. No parecía que fuera a viajar, parecía que iría de paseo al polo
norte. Alejandro trato de no reír al verlas como unos gatos siameses color
morado ya que Abigail también llevaba un gorrito con orejas de gato.
-¿Se puede saber por qué tu no llevas suéter? –pregunto Yaretzi
al momento en que se ponía los lentes morados y enarcaba una ceja curiosamente.
-Sencillamente porque no tengo frio, gato pulgoso –dijo
Alejandro mientras cargaba una mochila y volteaba a ver a Abi, que abrazaba
fuertemente a Cookies, su gata de peluche.
-¿Lista para irnos Abita? –la pequeña volteo a ver a Yaretzi
que le dedico una sonrisa.
-Sí, pero, tengo miedo
-Yo estoy para cuidarlas, tranquila –el chico doblo sus
piernas para estar a la altura de la cara de Abi y poder verla a los ojos- No
pasara nada bonita. Yo las cuidaré de los malos –Abi sonrió al ver la gran
sonrisa que Alejandro le daba.
-Haremos esto –Alejandro se levantó y vio a Yaretzi que se
acomodaba otra mochila en los hombros- yo me iré primero y dejare las cosas. Te
avisare que todo está bien por nuestro comunicador- señalo un vaso de unicel
que estaba en una ventana. Habían hecho una campana con hilo y vasos- sino
funciona, pondré a todo lo que da Radioactive y sabrás que todo está bien.
Yaretzi afirmo con la cabeza y abrazo a Alejandro.
-Prométeme que tendrás cuidado.
-Lo haré, quédate aquí, recuerda que ellos buscan la luz, no
tengas miedo- el chico la soltó y salió hacia la densa oscuridad de la noche.
Alejandro saco de la mochila su chamarra roja del equipo de
hockey de Calgary y empezó a caminar por aquellas calles empedradas y angostas.
Los condenados por lo regular se escondían en lugares grandes e iluminaban el
edificio que parecía una gran supernova, así atraían a la gente que llegaba en
búsqueda de su familia, era como una trampa para mosquitos, la gente llegaba
con la esperanza de que la luz alejara a los condenados, cuando era todo lo
contrario. Él siempre evitaba pasar por la universidad de Guanajuato, la
alhóndiga de granaditas, el teatro Juárez y algunas casonas que siempre estaban
iluminadas. Suponía la razón del porque estaban iluminadas. La luz los hacía
sentir de nuevo vivos o algo así y la luz que irradiaban los focos hacia que
ellos se sintieran más capaces para atacar. Corrió un buen tramo hasta que sus
pulmones no pudieron más. Volteo a verificar si nadie lo seguía y pudo ver algo
que le hizo querer estar de nuevo encerrado en casa con Yaretzi. Un condenado
se veía más fuerte que los demás y desde donde Alejandro estaba se apreciaba
como ese ser devoraba a un condenado y su apariencia cambiaba, haciéndose ver más
fuerte y la pigmentación de sus ojos se tornaba roja, agregando a eso que ese ser
podía estar bajo la débil luz de la luna… Alejandro se quedó quieto observando
como la transformación de aquel condenado era cada vez más sorprendente, su
piel emitía un brillo plateado cuando se puso bajo la luz directa de la luna.
Aquel ser avanzo al lado contrario de donde yacía Alejandro que moría de miedo.
Vio que el condenado corría como un lobo en búsqueda de su presa y le dio miedo
saber que ahora, la mutación fuera igual que un libro de terror. Camino con
sigilo hasta llegar a la iglesia, verifico antes de entrar que sus trampas no
habían sido alteradas por algún condenado que se hubiera acercado, pudiendo
entrar con seguridad. Quito algunas trampas y entro, busco las llaves de la
Cadillac que habían robado con pistola en mano teniendo pánico por aquel
condenado que se había transformado en “zombi lobo”. Llego al auto y abrió la
camioneta dejando en el asiento trasero la mochila, encendió la radio que solo
dejaba escuchar estática. Suspiro y tomo aire, tenía pavor al pensar que ese
viaje solo fuera una mala idea salir de Guanajuato a ir rumbo al DF con un
destino incierto. Estaba arriesgando la vida de Yaretzi y de Abigail, pero
también quería que ellas encontraran a su hermano. Puso las manos en el volante
y apretó fuertemente hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Inhalo fuerte
y tomo el disco “The Rounds of The Smiths” sabía que tenía que poner
“Radioactive” de Imagine Dragons pero con lo que había visto le daba miedo que
los condenados fueran “radioactivos” así que eligió su canción favorita “How
soon is now?” poniéndola en el máximo volumen y empezando a cantar.
Yaretzi esperaba
escuchar la música de Alejandro. Abigail jugaba con su gata de peluche mientras
comía galletas. No escuchaba nada en la calle, Alejandro no había accionado el
hilo y tampoco daba señales de vida. Le sorprendió escuchar un aullido fuera.
Abigail corrió a abrazarla fuerte.
-¿Que fue eso?
Que pasa Yaretzi? Aquí no hay lobos…
-Quizá uno vino,
tranquila- Yaretzi negó y pudo escuchar de nuevo el aullido y fue a la ventana.
En la calle estaba un condenado aullando a la luna. Eso era imposible, eso
significaba que ahora aquel veneno podía mutar en otra cosa totalmente
diferente. Le sorprendió ver como aquel condenado corrió igual que aquel
mamífero que imitaba. Su corazón se detuvo un instante al ver que el hombre
lobo volteaba la cabeza frenéticamente en búsqueda de una presa nueva pues a lo
lejos se escuchaba Rock the Casbah. El condenado se tapó los oídos fuertemente
para no escuchar ese sonido estruendoso que se oía a lo lejos, rápidamente desapareció
dejando una estela de brillo plateado tras de sí. Pudo ver como la camioneta
llegaba estacionándose.
-Abi, bajare a
dejar las cosas y subiré de nuevo. No tengas miedo. Solo iré abajo y regresaré,
después ya podremos irnos. Sé paciente –Yaretzi sonrió y cogió la maleta donde
estaban todas las armas y salió del departamento rápidamente, corriendo por el
pasillo hacia la escalera, agradeciendo vivir en el segundo piso y no el
cuarto. Bajo y salió hacia la calle para ver que Alejandro anotaba algunas
cosas y le ayudaba a poner la maleta en la parte trasera de la camioneta.
Acomodaron las 3 cajas de víveres, la maleta con las armas.
-Faltan las 2
maletas con ropa y las demás cajas de comida, mis libros y nada mas- Yaretzi subió
de nuevo y bajo con la maleta de Alejandro y su ropa, y así fueron cuatro veces
de subir y bajar hasta que por fin tuvieron todo listo. Abigail bajo con
cuidado las escaleras abrazada de Alejandro pues se había quedado dormida en el
tiempo que habían ocupado para bajar todas las cosas. Dejo a Abi en el asiento
trasero junto a su mochila cubriéndola con su frazada de Winnie Pooh.
-Tu hermanita es
demasiado tierna. Y pequeña- dijo él al subir al auto y voltear a ver como
Abigail se acomodaba en el asiento.
-Abi es mi
fortaleza, necesito cuidarla siempre. Es como mi bebé y protegerla es mi
misión.- respondió Yaretzi y se ajustó el cinturón de seguridad. En ese momento
ella estaba feliz de haber conocido a aquel sujeto tan extraño que le salvaría
la vida varias veces y con el que ahora emprendería una de las aventuras más
cruciales de su vida. Ambos habían modificado la camioneta totalmente,
haciéndola ver más como un tanque militar que como una bella y presumida
camioneta Cadillac. Estaba feliz por eso y sentirse un poco más protegida
dentro de ese súper auto.
Alejandro tomo la
mano de Yaretzi soltándola después para dar vuelta a la llave para así encender
el auto e irse de ahí, sin saber todo lo que se les presentaría en un camino
sin retorno y quizá sin final.
Acababan de
llegar a parte de Querétaro, Yaretzi temblaba de frío y observaba
aquellos condenados que recorrían parte de la carretera, habían optado ir por
terracería puesto que todas las carreteras estaban atestadas de autos
abandonados por sus dueños al avanzar las hordas de zombies. Eran las 8 de la
mañana, tenían que estar ahí buen parte de tiempo hasta que los condenados se
retiraran en mayoría, no quería gastar las municiones que tenían. Aun cabía la
esperanza de poder encontrar a su hermano vivo. Saco una revista de la mochila
y empezó a leer sobre las últimos vestigios prehispánicos de El cerrito, que se
encontraba en Querétaro, parte de la cultura Otomí, suspiro al ver que su
hermana seguía abrazada a Alejandro por el frio que hacía. Siguió leyendo y
después reviso el mapa que aún faltaba por recorrer. Tenía que hacer una
inspección por el lugar, pero no podría hasta que todo fuera oscuro. Doblo el
mapa suspirando al saber que serían 3 o 4 días más de viaje. La carretera
estaba repleta de autos abandonados, lo cual por una parte aseguraba que
encontrarían comida. Estaba segura que encontrarían una gasolinera y ella
pudiera quizá bañarse… Suplicaba por encontrar aunque fuera agua contaminada
(Contaban con su mágico filtro, alabado era Alejandro) Observo como esos seres
caminaban y de verdad le dio asco. Ya eran las 9:30, necesitaba dormir si en la
noche irían a recorrer.
En punto de la 1:00 a.m. Alejandro despertó. Tenía su bocina
portátil para ir ahuyentando a todos aquellos que se interpusieran en su
camino. Yaretzi y su hermana estaban despiertas desde hacía media hora antes.
Ambas se habían puesto aún más bufandas por el frio que quemaba. Llevaban ya su
mochila con el filtro, jabón y ropa, sin agregar que también llevaban
municiones para las armas que llevaban. No se veía a nadie por el lugar, pero
no había que confiarse en absoluto, después de ver a los condenados cambiar
radicalmente… Abi, con miedo, sujeto fuertemente la mano de Alejandro y con la
otra, sujeto el palo de béisbol que sabía muy bien manejar. Yaretzi abría el
camino por la carretera buscando los baños y de paso provisiones. Reviso el
primer auto cantando Borderline, dio un brinco al ver como un ratón salía de
ahí. Nada. Solo sangre y olor a muerte. Tomo todo el aire posible para poder
continuar y dejar de ver aquel cuerpo putrefacto que yacía en el asiento
trasero del auto. Tenía que ser fuerte, fuerte por todos. No podía dejar de
serlo. Les indico que avanzaran mientras veía hacia todas partes, sonrió al
sentirte toda una espía o algo así al ir caminando como gato. Recordó las
películas del 007, solo que está vez no se enfrentaban a los chicos malos ni
habría tampoco rayos laser apuntando para cortarte en dos, te comerían viva.
¡Ay que lindo! Siguió caminando hasta divisar la gasolinera, también robarían
un poco de combustible, por si acaso. Al ver más de cerca suspiro e hizo una
mueca. Condenados. ¿Cómo los malditos sabían que la gente necesitaba
suministros? Dio media vuelta para ver la cara de fastidio de Alejandro. Y ella
que se moría por comer algo y tener un aseo. El chico miro la escopeta que
llevaba en mano y negó. No, eran demasiados para ellos dos. Por lo visto,
tampoco había mucha esperanza a la redonda. Sin embargo, escucho a lo lejos una
de sus canciones preferidas de siempre.
Deja de conecto de Zoé lo que hizo que se partiera de risa. Eran
aproximadamente 10, y ellos de verdad sabían que era ocupar todo lo que
tuvieran al alcance, aunque lo que más le hizo reír fue una cosa. El que
parecía ser el líder, tocaba los riffs de la canción con una hermosa guitarra
Fender color rojo. Alejandro negaba con la cabeza mientras se acercaba a ella y
decia: -Están tocando mal, ¡acaba de tocar mal esa nota! –y echo a correr
soltando a Abi y así poder apoyarlos. No iba a ser una tranquila noche, de eso
estaba segura.
Los chicos, porque en su mayoría eran jóvenes, aventaban
jarrones, platos, vasos, muchísimas cosas para ahuyentar a aquellos que se
retorcían de dolor. Fue cómico ver como Alejandro accionaba el rifle y apuntaba
a diestra y siniestra a todo ser maldito que se le acercaba. Tiraban varias
bombas molotov pero al no funcionar, hicieron estallar una granada. De
inmediato pensó que habían firmado su acta de defunción pero al ver que
estallaba un auto aledaño y todos esos seres acudían hacia las llamas, respiro
tranquila. Cuando bien esos seres ya se
habían muerto, Yaretzi avanzo con cuidado tomando a su hermana de la mano. A
Abigail no le daba asco ver los cuerpos regados como si nada, pero le daba
pavor los ratones. Caminaron hasta llegar con Alejandro que reía con los que
ahora eran cerca de 50 personas. Una chica de cabello largo color castaño se acercó
a ellas sonriendo.
-Hola, soy Caty, nosotros estamos como guardias de esta
gasolinera, hemos querido salir de aquí pero, a veces, algunos forasteros
quieren ir, supongo al D.F. y son atacados por esos –señalo con la cabeza a un
condenado que se retorcía, saco un revolver y de un tiro, el condenado dejo de
moverse- así que nosotros los apoyamos para que puedan seguir su viaje –se
acuclillo y le sonrió a Abi que no soltaba a su gato de peluche- ¿necesitan víveres
o un baño? No tenemos agua… Pero víveres si –se levantó sin dejar de sonreír- síganme.
Yaretzi vio a Abi que observaba a todos, parecían tranquilos
y amigables. Alejandro entablaba conversación sobre música y les enseñaba
diferentes riffs. Le hizo señas para que las siguiera pero su plática era más
entretenida. Siguieron a Caty a lo que era la gasolinera, ellos habían
construido. Entraron y lograron ver varios camastros, cobijas expandidas en el
piso, armas caseras, y muchísima comida. Caty les dio a ambas dos cajitas de
leche y unas galletas.
-¿Sabes Caty? Nosotros podríamos ayudarles también…
Alejandro, mi amigo el que está allá presumiendo sobre como tocar correctamente
una guitarra Fender –al decir eso, Yaretzi se ruborizo- tiene un aparato que es
de fácil ensamblaje y no pesa para que puedan llevarlo a demás partes.
Caty sonrió un poco y le ofreció a Abi que se recostara en
una cama; Abi sin dudarlo, subió a la cama y se acobijo.
-Querétaro, no quedan muchos sobrevivientes. Nosotros y
otros tres grupos somos los únicos que quedamos, los condenados de aquí… -Caty
tomo aire fuertemente- han mutado y cuesta más trabajo matarlos, ya viste a
estos, estaban esperando algún sonido, alguna luz para atacar, soportan el
brillo lunar, todas las mañanas parte un equipo en búsqueda de sobrevivientes y
por mas víveres, pero nada. Los otros grupos que conocemos están en la capital
y otro que nos pertenece esta a 6 kilómetros, sobre esta carretera. Les
avisaremos para que les ayuden. –Volteo a ver como Abigail se hacía un ovillo-
dices que pueden ayudarnos, ¿de que hablas exactamente? –al terminar esa frase,
los chicos que yacían afuera entraron. Los pudo contar con detenimiento y eran
15 chicos y 17 (contando a Caty) chicas. Tenían entre 18 y 26 años
aproximadamente. Alejandro entro tras de ellos sonriendo, se acerco a Yaretzi
rápidamente.
-Estos chicos son geniales Yari! ¿Viste como matamos a los
condenados? ¿Podemos llevarlos?- dijo entusiasmado por la simple idea de que
aquellos guerrilleros les hicieran compañía en su viaje.
-Exactamente de eso hablaba con Cat- en el instante la chica
saludo moviendo frenéticamente su mano- ellos conocen otro campamento cerca, a
6 kilómetros, les avisaran que vamos para que nos ayuden, pero, quería
ayudarlos a ellos también de alguna manera –Alejandro la miro como intuyendo a
que se refería y se dirigió al chico que llevaba la guitarra y el amplificador.
-¿René, tienes aquí todo ese material que te mencione? –el
chico llamado René rápido fue al fondo de aquella bodega y regreso con bastante
cosas en las manos, se los entregó a Alejandro acompañado de una planta de luz.
Alejandro salió y regreso con su soldadora y empezó a trabajar mientras todos veían
embelesados como ese material se convertía en una cajita practica y de tamaño
regular. Pasadas 3 horas y varias platicas después, Alejandro acciono el
filtro.
-Bien, esto les servirá para filtrar el agua. No la utilicen
demasiado o pueden llegar a sobrecargarla. Por lo visto han querido bañarse
pero por lo mismo del agua contaminada no han podido, por habernos ayudado,
esta es nuestra manera de agradecerles –los habitantes de la bodega no sabían cómo
reaccionar, aparte de que el sol ya estaba saliendo y ya no podían gritar ni
hacer demasiado ruido a pesar de que los condenados que rondaban no se
acercaban mucho, debido al ataque de la noche anterior.
Las chicas salieron sigilosas hacia los baños, donde
acarrearon agua para poder asearse un poco después de tanto tiempo. Yaretzi
estaba cansada sin saber porque, así que espero a que sus nuevos amigos
pudieran disfrutar de algo que se les había sido arrebatado cruelmente.
Cuando despertó, vio que entre los 32 habían creado un baño
con todo y drenaje. El tiempo que tardaba en filtrarse el agua les había
servido para ingeniárselas en como poder hacer que el agua saliera sin estar
haciendo ruido ni salir tanto tiempo a los baños de la gasolinera.